miércoles, 6 de noviembre de 2013

Día 0

Hoy, es el primer día del resto de mi vida... no es cierto, lo que pasa es que siempre había esperado poder decir (o escribir) esta frase. El punto es que desde hoy empieza la operación "Chao, malparido". Es algo que quiero hacer desde hace unos meses, pero sólo hoy me siento con la valentía necesaria para hacerlo. Espero poder alcanzar mi objetivo.

Una Frase en una Foto y una Mezcla de Canciones - Mayo, 2012

Y ahí estaba. Tantos recuerdos venían a su mente al ver las fotos de un twitter. Jamás pensó que viendo las fotos de aquel que algún día fue su autor favorito fuera a sentir lo que en ese momento sentía. No eran sólo las fotos, era el retorno de aquellos momentos que vivió mientras leía esos libros que, a su parecer, solían ser tan magníficos e hipnotizantes. Además de eso, eran las canciones que sonaban de fondo mientras veía esas frases en las fotos. De fondo sonaban canciones de Fito Páez, Jorge Drexler, Andrés Calamaro… y las lágrimas corrían por sus ojos. Esas frases y esas canciones fueron las que movilizaron miles de sentimientos, pensamientos, que hacían que sus afectos más escindidos lucharan por salir y por ser los protagonistas. Amaba. Odiaba. Pero, al parecer, el afecto que más prevalecía era el odio. Pensar que alguna vez de su vida intentó dar lo mejor de sí y saber que no había recibido nada a cambio, o bueno lo que recibió fue mínimo y efímero, le hizo darse cuenta de que no quería vivir nuevamente lo que ya le había pasado. Mientras veía las fotos de aquel twitter, se encontró con una frase de Paulo Coelho que dice “amar en la expectativa de ser amado a cambio es una pérdida de tiempo”. Sí, eso ya lo sabía, pero NO quería que eso le pasara en este momento de su vida. Tal vez ya estaba más preparada para pasar por ciertas situaciones, sus terapias le han ayudado a eso, pero también sabe que el dolor de una decepción amorosa en ese momento sería fulminante. Suicidio inminente. Simplemente eso no era lo que quería. Ella deseaba ser su Zahir y que él fuera el suyo. No sabía si él quería lo mismo, tenía miedo de preguntar. Sabía que se había equivocado tantas veces, que tal vez él ya había perdido toda esperanza en esa relación. Odiaba estar así, sentimental. Pero todo se juntaba y todo conspiraba para que eso pasara. Su terapia estaba próxima a finalizar, volvió a conectarse con ese lado humanista al que tanto le había huido todo este tiempo, sentía que se enamoraba de a poquitos de él, pero sus miedos e inseguridades hacían que surgieran pensamientos poco agradables. No sabía qué hacer, estaba confundida. Quería preguntarle él qué pensaba, pero tenía miedo de escuchar la respuesta. Que podría ser un “no te quiero como antes” o un “sí, te quiero tanto como tú a mí”. Lo único que tenía que hacer para salir de la duda era preguntar, pero, para ella, no había nada mejor que vivir en la duda, con la incertidumbre. Maldita incertidumbre. Malditas ganas de querer buscar la insatisfacción. Maldito superyó. Maldita inseguridad. Maldita forma de ser que no la dejaba ser del todo feliz. Maldito martes. Maldita tesis. Maldito mayo. En ese momento sólo deseaba una cosa. Quería verlo, que él llegara, poder abrazarlo, decirle que lo quería y preguntarle. No quería preguntarle mientras lloraba, creía que eso podría cambiar su respuesta. Pero quería poder llorar y que él supiera que ella sufría. Que lo quería y no quería que él se alejara de ella. No quería estar en la biblioteca, quería estar en un lugar donde, junto a él, pudieran ver el cielo, tal vez la luna y las estrellas. Quería ser feliz de una vez por todas. ¿Por qué le era tan difícil? Le era difícil porque toda su vida se había acostumbrado a la inestabilidad y sentía que esta llegaría en algún momento. Tal vez esa inestabilidad no llegaría si ella no hiciera que apareciera, pero era muy complicado, es más complicado de lo que parece. Era uno de esos días en lo que sólo quería llorar, estar lejos de todos, incluso de ella misma. Pero ese era otro de sus problemas. Temía estar en un lugar sola. Es decir, le gustaba la soledad, sin embargo, no sabía cómo disfrutarla al máximo. Durante 4 meses había intentado lograr estar sola con ella misma, sin ninguna distracción, pero no podía o, más bien, no quería. Sabía que si estaba sola muchos de esos fantasmas iban a salir y, definitivamente, no los quería enfrentar. Y bueno, después de todo ese torbellino de sentimientos y pensamientos ahí estaba. Sentada esperando verlo en cualquier momento, para preguntarle aquello que tanto la inquietaba. Esperando su respuesta para abrazarlo y decirle cuánto lo quería, sin importar cuál fuera la de él. Con muchas ganas de darle un beso y decirle, otra vez, lo feliz que estaba de poder compartir su vida con él. Deseando que él quisiera seguir compartiendo la suya con ella. Lo esperaba mientras se decía a sí misma “que pase lo que tenga que pasar”.