viernes, 27 de diciembre de 2013
La decisión más difícil
La peor parte de decidir terminar una relación es saber que la otra persona está de acuerdo con tu decisión y no va a hacer absolutamente nada para que las cosas sean diferentes. En mi caso, debido a mi gran falta de narcisismo (o como dirían los mortales "falta de autoestima"), esa siempre es la parte que más duele, porque cada vez que lo hago espero que, como en las chick-flicks, me diga que me ama, que no se puede imaginar la vida sin mí, que soy el amor de su vida, aunque los dos sepamos que no es así y que en algún momento las cosas se van a terminar, pero siempre espero que en ese preciso instante surja un amor, una magia, una fuerza, o lo que sea, que le haga darse cuenta del hecho de que conmigo, posiblemente, la vida será mucho mejor. Porque sé que cada vez que tomo esa decisión, lo hago teniendo la esperanza de que algo ocurra y ese algo me demuestre que valgo lo suficiente para que luchen por mí y por mi compañía. Hoy, me siento mucho mejor de haber tomado la decisión más difícil, no debido a que por fin se haya cumplido mi sueño y yo esté viviendo en esa película yanqui que espero protagonizar hace un tiempo, sino porque sé, o al menos quiero creer, que nuestras vidas han sido mejores desde que no estamos juntos y que, aunque me cueste decirlo, pronto saldré del espiral de la muerte en el cual me ubico desde hace un largo tiempo.
FUCK! No lo voy a a negar, me duele saber que está a muchísimos años luz de mí y de esta relación, pero bueno, tal vez ya sea hora de volver a mí.
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