viernes, 27 de diciembre de 2013

La decisión más difícil

La peor parte de decidir terminar una relación es saber que la otra persona está de acuerdo con tu decisión y no va a hacer absolutamente nada para que las cosas sean diferentes. En mi caso, debido a mi gran falta de narcisismo (o como dirían los mortales "falta de autoestima"), esa siempre es la parte que más duele, porque cada vez que lo hago espero que, como en las chick-flicks, me diga que me ama, que no se puede imaginar la vida sin mí, que soy el amor de su vida, aunque los dos sepamos que no es así y que en algún momento las cosas se van a terminar, pero siempre espero que en ese preciso instante surja un amor, una magia, una fuerza, o lo que sea, que le haga darse cuenta del hecho de que conmigo, posiblemente, la vida será mucho mejor. Porque sé que cada vez que tomo esa decisión, lo hago teniendo la esperanza de que algo ocurra y ese algo me demuestre que valgo lo suficiente para que luchen por mí y por mi compañía. Hoy, me siento mucho mejor de haber tomado la decisión más difícil, no debido a que por fin se haya cumplido mi sueño y yo esté viviendo en esa película yanqui que espero protagonizar hace un tiempo, sino porque sé, o al menos quiero creer, que nuestras vidas han sido mejores desde que no estamos juntos y que, aunque me cueste decirlo, pronto saldré del espiral de la muerte en el cual me ubico desde hace un largo tiempo. FUCK! No lo voy a a negar, me duele saber que está a muchísimos años luz de mí y de esta relación, pero bueno, tal vez ya sea hora de volver a mí.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Día 0

Hoy, es el primer día del resto de mi vida... no es cierto, lo que pasa es que siempre había esperado poder decir (o escribir) esta frase. El punto es que desde hoy empieza la operación "Chao, malparido". Es algo que quiero hacer desde hace unos meses, pero sólo hoy me siento con la valentía necesaria para hacerlo. Espero poder alcanzar mi objetivo.

Una Frase en una Foto y una Mezcla de Canciones - Mayo, 2012

Y ahí estaba. Tantos recuerdos venían a su mente al ver las fotos de un twitter. Jamás pensó que viendo las fotos de aquel que algún día fue su autor favorito fuera a sentir lo que en ese momento sentía. No eran sólo las fotos, era el retorno de aquellos momentos que vivió mientras leía esos libros que, a su parecer, solían ser tan magníficos e hipnotizantes. Además de eso, eran las canciones que sonaban de fondo mientras veía esas frases en las fotos. De fondo sonaban canciones de Fito Páez, Jorge Drexler, Andrés Calamaro… y las lágrimas corrían por sus ojos. Esas frases y esas canciones fueron las que movilizaron miles de sentimientos, pensamientos, que hacían que sus afectos más escindidos lucharan por salir y por ser los protagonistas. Amaba. Odiaba. Pero, al parecer, el afecto que más prevalecía era el odio. Pensar que alguna vez de su vida intentó dar lo mejor de sí y saber que no había recibido nada a cambio, o bueno lo que recibió fue mínimo y efímero, le hizo darse cuenta de que no quería vivir nuevamente lo que ya le había pasado. Mientras veía las fotos de aquel twitter, se encontró con una frase de Paulo Coelho que dice “amar en la expectativa de ser amado a cambio es una pérdida de tiempo”. Sí, eso ya lo sabía, pero NO quería que eso le pasara en este momento de su vida. Tal vez ya estaba más preparada para pasar por ciertas situaciones, sus terapias le han ayudado a eso, pero también sabe que el dolor de una decepción amorosa en ese momento sería fulminante. Suicidio inminente. Simplemente eso no era lo que quería. Ella deseaba ser su Zahir y que él fuera el suyo. No sabía si él quería lo mismo, tenía miedo de preguntar. Sabía que se había equivocado tantas veces, que tal vez él ya había perdido toda esperanza en esa relación. Odiaba estar así, sentimental. Pero todo se juntaba y todo conspiraba para que eso pasara. Su terapia estaba próxima a finalizar, volvió a conectarse con ese lado humanista al que tanto le había huido todo este tiempo, sentía que se enamoraba de a poquitos de él, pero sus miedos e inseguridades hacían que surgieran pensamientos poco agradables. No sabía qué hacer, estaba confundida. Quería preguntarle él qué pensaba, pero tenía miedo de escuchar la respuesta. Que podría ser un “no te quiero como antes” o un “sí, te quiero tanto como tú a mí”. Lo único que tenía que hacer para salir de la duda era preguntar, pero, para ella, no había nada mejor que vivir en la duda, con la incertidumbre. Maldita incertidumbre. Malditas ganas de querer buscar la insatisfacción. Maldito superyó. Maldita inseguridad. Maldita forma de ser que no la dejaba ser del todo feliz. Maldito martes. Maldita tesis. Maldito mayo. En ese momento sólo deseaba una cosa. Quería verlo, que él llegara, poder abrazarlo, decirle que lo quería y preguntarle. No quería preguntarle mientras lloraba, creía que eso podría cambiar su respuesta. Pero quería poder llorar y que él supiera que ella sufría. Que lo quería y no quería que él se alejara de ella. No quería estar en la biblioteca, quería estar en un lugar donde, junto a él, pudieran ver el cielo, tal vez la luna y las estrellas. Quería ser feliz de una vez por todas. ¿Por qué le era tan difícil? Le era difícil porque toda su vida se había acostumbrado a la inestabilidad y sentía que esta llegaría en algún momento. Tal vez esa inestabilidad no llegaría si ella no hiciera que apareciera, pero era muy complicado, es más complicado de lo que parece. Era uno de esos días en lo que sólo quería llorar, estar lejos de todos, incluso de ella misma. Pero ese era otro de sus problemas. Temía estar en un lugar sola. Es decir, le gustaba la soledad, sin embargo, no sabía cómo disfrutarla al máximo. Durante 4 meses había intentado lograr estar sola con ella misma, sin ninguna distracción, pero no podía o, más bien, no quería. Sabía que si estaba sola muchos de esos fantasmas iban a salir y, definitivamente, no los quería enfrentar. Y bueno, después de todo ese torbellino de sentimientos y pensamientos ahí estaba. Sentada esperando verlo en cualquier momento, para preguntarle aquello que tanto la inquietaba. Esperando su respuesta para abrazarlo y decirle cuánto lo quería, sin importar cuál fuera la de él. Con muchas ganas de darle un beso y decirle, otra vez, lo feliz que estaba de poder compartir su vida con él. Deseando que él quisiera seguir compartiendo la suya con ella. Lo esperaba mientras se decía a sí misma “que pase lo que tenga que pasar”.

martes, 10 de septiembre de 2013

Para VOS

Te extraño. Extraño estar con VOS. Extraño verte los martes después de tu clase. Extraño tus llamadas cada vez que salías de Inglés. Extraño cogerte la mano y caminar por la universidad. Extraño darte un beso de buenos días. Extraño sentarme a tu lado. Extraño acostarme a tu lado. Extraño los abrazos de escalera. Extraño contarte chistes y que me digás que son malos. Extraño lo que sentía cuando sabía que faltaba poquito para verte. Extraño que me digás "hermosa", "amor", "Londoño", "mamasita", "novia". Extraño decirte "Cuellar", "amor", "papacito", "novio". Extraño esas llamadas que, a veces, sólo trataban de lo cotidiano, pero que otras veces iban más allá de lo que nos había pasado en un día. Extraño que me contés tus cosas. Extraño contarte mis cosas. Extraño lo que sentía cuando estaba a tu lado. Extraño que me digas "te quiero". Extraño decirte "te quiero". Extraño los almuerzos juntos. Extraño que comamos pan juntos. Extraño nuestras idas a los conciertos de la filarmónica. Extraño los cumpleaños en tu casa. Extraño que vayas a mi casa. Extraño los besos de buenas noches. Extraño que me contés que jugaste LOL y que perdiste. Extraño que me contés que jugaste LOL y que ganaste. Extraño regañarte porque jugaste LOL y no hiciste tesis. Extraño que me hables de tu tesis. Extraño nuestras skypeadas. Extraño las idas a comer pollo. Extraño saber que podía llamarte en cualquier momento, así fuera sólo para saludar. Extraño que escucháramos el CD del libro del inglés en las mañanas. Extraño escuchar música y cantarte. Extraño escuchar música y que me cantaras. Extraño que cantemos juntos. Extraño nuestras peleas. Extraño sentir celos. Extraño tus celos. Extraño tu odio. Extraño mi odio (no se ha ido, pero me gustaba más cuando estaba a tu lado). Extraño que me digas "estoy pelado". Extraño que me digás que te fue bien en algún parcial. Extraño tus entradas. Extraño que me digas "te mando un besito". Extraño decirte "te mando un besito". Extraño ver los partidos juntos. Extraño ser tu novia. Extraño que seas mi novio. Te extraño. Mucho. Muchísimo.

lunes, 10 de junio de 2013

Volver al futuro.

Hoy, 10 de Junio de 2013, estoy recordando, o al menos haciendo el intento, todo lo que me ha pasado en los últimos 5 o 6 años de mi vida. A pocos meses de graduarme de la universidad, pienso en todo aquello que viví cuando estaba en 10° y en 11° en el colegio. A decir verdad, estos pensamientos no surgieron de una asociación libre esta noche. No. Se viene formando desde hace ya varios días en los que he estado pensando en qué pasaría si volviera esos tiempos con los conocimientos que poseo hoy en día. Al principio, se me ocurrieron cosas como: odiaría más a algunas personas con las que solía relacionarme en esa época. Y esto, debido a que 1)sé cómo son esas personas hoy en día y a algunas las odio un poquito menos de lo que me odio a mí misma; 2)porque sé que son muy estúpidas y ya sabría cómo catalogar sus niveles de estupidez. Tras estas primeras reflexiones, pensé también que si me alcanzo a devolver fechas más atrás, podría ayudar a una que otra amiga que fue víctima de "bullying", y, en este instante, sé exactamente qué decirle a esas personas que les hicieron tanto daño mientras que el resto optábamos por callar. También pensé que mejoraría físicamente muchos aspectos, pues eso, en este instante, me hace sentir un poco mejor. Sin embargo, tiempo después tuve un insight, una epifanía y me dije a mí misma "si podés cambiar lo que querás, pensá en qué errores no volverías a cometer", esto al principio sonó muy "muajajajajajajajajaja", pero después me di cuenta, aunque suene muy cliché, que todo aquello que viví, aunque en el presente me arrepienta de eso, fue lo que me trajo hasta donde estoy en este momento, y fue ahí cuando me dije a mí misma "¡Es hora de construir una maldita máquina del tiempo, hay muchas cosas por cambiar!" En este momento, odio mi vida y si hay cosas que puedo hacer para haber sufrido menos y hacer de esto una cosa un poquito menos miserable, lo haría sin dudarlo ni un minuto. Aunque, posiblemente, mi maldito superyó no deje que muchas cosas mejoren.

martes, 14 de mayo de 2013

El cambio, no va.

Estoy cansada de decirme todo el tiempo "soy una persona diferente, tengo que cambiar", ¿saben qué? NO soy diferente, no me interesa cambiar, si me interesara ya lo hubiera hecho hace muchísimo tiempo atrás. Pero no, me interesa seguir siendo la misma persona, me gusta llevar lo que soy al extremo más próximo, no llevarlo de lado contrario para ser querida aceptada por algunos que piensan que tengo que cambiar. Algunas veces, me doy pajazos mentales como "has cambiado, sos una mejor persona, ya te tenés más confiaza, ya confiás más", sin embargo, esto nunca es cierto, soy la misma estúpida, tarada, stalker de siempre y eso me gusta, no quiero cambiar. Bueno, a veces quiero, pero NO LO VOY A HACER, a menos que mi forma de ser me empiece a causar problemas, aunque, conociéndome como me conozco, si esos problemas me hacen daño, más tiempo voy a querer seguir siendo como soy. Sí, me odio, y eso me encanta.

jueves, 2 de mayo de 2013

De las recaídas y otros demonios.

Cuando sos adicto a algo, todo el tiempo escuchás que muchas personas te dicen: "deberías dejar ese hábito (droga, alcohol, lo que sea), vas a ver que al principio va a ser difícil, pero después las cosas van a mejorar". Pero nadie te dice que lo más difícil no es dejar tu adicción atrás, sino seguir adelante, cambiar, ser una persona diferente. Desde el Psicoanálisis, esto se debe a las relaciones con la madre, tal vez a la incapacidad que tuvo de contenerte y hacer que tu autoestima fuera mucho mejor, así como también tu tolerancia a la frustración. Pero, en la cotidianidad, esto es mucho más complicado. Es difícil dejar atrás una adicción cuando tu entorno, prácticamente, te obliga a estar ahí. Es en ese momento, en ese preciso instante en el que decides recaer en tu adicción, pero esa recaída no viene sola, viene acompañada de una GRAN sentimiento de culpa, de la necesidad de reparar los daños que podés hacer o hacerte con eso que acaba de pasar. Aquí ya hay dos posturas, cuando la recaída no implica mucho daño para vos, pero sos una masoquista de mierda, como yo, posiblemente busqués la forma de herirte; por el contrario, si sólo lo hacés por curiosidad y no te hacés mucho daño, podés salir con la cabeza en alto y decir "pensé que no podía, pero soy más que esto". Si sos la segunda, te envidio. Si sos la primera, te comprendo totalmente, no sin antes decirte ¡cambiá loca de mierda, hija de puta!