jueves, 2 de mayo de 2013

De las recaídas y otros demonios.

Cuando sos adicto a algo, todo el tiempo escuchás que muchas personas te dicen: "deberías dejar ese hábito (droga, alcohol, lo que sea), vas a ver que al principio va a ser difícil, pero después las cosas van a mejorar". Pero nadie te dice que lo más difícil no es dejar tu adicción atrás, sino seguir adelante, cambiar, ser una persona diferente. Desde el Psicoanálisis, esto se debe a las relaciones con la madre, tal vez a la incapacidad que tuvo de contenerte y hacer que tu autoestima fuera mucho mejor, así como también tu tolerancia a la frustración. Pero, en la cotidianidad, esto es mucho más complicado. Es difícil dejar atrás una adicción cuando tu entorno, prácticamente, te obliga a estar ahí. Es en ese momento, en ese preciso instante en el que decides recaer en tu adicción, pero esa recaída no viene sola, viene acompañada de una GRAN sentimiento de culpa, de la necesidad de reparar los daños que podés hacer o hacerte con eso que acaba de pasar. Aquí ya hay dos posturas, cuando la recaída no implica mucho daño para vos, pero sos una masoquista de mierda, como yo, posiblemente busqués la forma de herirte; por el contrario, si sólo lo hacés por curiosidad y no te hacés mucho daño, podés salir con la cabeza en alto y decir "pensé que no podía, pero soy más que esto". Si sos la segunda, te envidio. Si sos la primera, te comprendo totalmente, no sin antes decirte ¡cambiá loca de mierda, hija de puta!

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